Enero 24, Cumpliendo las condiciones

 

La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, me limpia continuamente de todo pecado.

 

Vamos a mirar con más atención la declaración sobre la sangre que se encuentra en 1 Juan 1:7: "Pero si andamos en luz, como Él (Jesús) está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado".

Ya hemos visto como estos tres elementos están interconectados y unidos juntos en la Palabra de Dios: andando en la luz, comunión unos con otros y la limpieza de la sangre. Un grupo de personas claman por la limpieza y protección de la sangre, pero no cumplen con las condiciones que los autoriza a recibirla. La limpieza de la sangre de Jesucristo es el resultado de algo que precede a un "si", es una declaración condicional, depende de que cumplamos una premisa, si andamos en la luz como Él está en luz. Entonces, dos resultados le siguen, no uno, sino dos. La limpieza de la sangre es el segundo resultado; el primer resultado es que tenemos comunión unos con otros.

Lógicamente, si no estamos en comunión unos con otros, es prueba de que no estamos andando en la luz. Si no andamos en la luz, esto por lógica hará que no podamos clamar la limpieza de la sangre de Jesús. Por lo tanto, llegamos a esta conclusión: si estamos fuera de comunión, estamos fuera de la luz. Si estamos fuera de la luz, la sangre ya no nos limpia. La sangre de Jesús sólo limpia en la luz. Este es uno de los principios más importantes que nosotros podemos entender.

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo mi intención de todo corazón de andar en luz, como Jesús está en la luz, y de entrar plenamente en comunión y en limpieza de pecado. La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, me limpia continuamente de todo pecado. Amén.

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