Enero 25, Trayendo a la luz el pecado

 

La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, me limpia continuamente de todo pecado.

 

La comunión es el lugar donde hay luz. Por esa razón la comunión es un lugar de prueba. Mientras más cercana la comunión, más brillante la luz, hasta que usted llega al punto donde no hay nada escondido. No hay sombras; no hay basura debajo de la alfombra, nada está guardado. Puede ser un lugar aterrador para el hombre natural. Sin embargo, es el único lugar donde la sangre de Jesús cumple completamente su función purificadora. Si usted desea limpieza, esta viene en la luz. Si usted está de alguna manera equivocado ante Dios, o enemistado con su vecino, usted no está plenamente en la luz. Y la sangre nunca será aplicada excepto en la luz.

¿Qué tiene que hacer? Venir a la luz. ¿Qué es "venir a la luz"? Confesar sus pecados, reconocerlos abiertamente ante Dios. Ahora, eso es lo más difícil de hacer para el hombre natural. La luz parece muy brillante. Tal vez piense, Oh, no podría sacar a la luz esa cosa terrible, ese recuerdo horrible, ese secreto que me hace sentir culpable; no podría exponerlo a la luz. El hombre natural se acobarda con esto. Pero la verdad es que cuando llega a la luz, eso desaparece porque, luego la sangre la limpia. Pero si usted no lo saca a la luz, usted lo esconde. Este es un gran principio. La sangre solo opera en la luz.

Supongamos que hemos cumplido con la condición de andar en la luz. Si éste es el caso, entonces estamos en comunión con nuestros hermanos creyentes, y tenemos el derecho que esto sea nuestro testimonio. 

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo ahora que saco a la luz cualquier recuerdo terrible o pecados escondidos (declárelo aquí), y los expongo a la luz de Jesús y a la limpieza de Su sangre.  La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, me limpia continuamente de todo pecado. Amén.

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