Meditación diaria

 

Febrero 23, El poder del ayuno

Para las personas que aquí se describe, el ayuno era solamente una parte aceptada del rito religioso, el tipo de ayuno practicado por los fariseos en los días de Jesús. En vez de un arrepentimiento real o humildad, continuaban con los asuntos seculares normales y retenían las actitudes malvadas de codicia, egoísmo, orgullo, y opresión.

Febrero 22, Entendiendo el campo de batalla

Nuestra guerra contra Satanás es librada en el terreno espiritual; por lo tanto, las armas son espirituales y apropiadas al campo de la guerra. Debemos entender absolutamente que el campo de batalla es en nuestra mente.

Febrero 21, Jesús el libertador

El mismo Cristo que es el único salvador es también el único libertador. Sólo Jesús puede romper el poder de la atadura demoníaca en las vidas de las personas y liberarlas. De la misma manera quiero que seamos presentados al libertador.

Febrero 20, ¡Dígalo de nuevo!

Recuerdo muy bien cuando empecé a dar este tipo de testimonio. Me decía a mi mismo: “Me pregunto dónde será que el diablo me golpeará ahora. Conozco a personas que dicen que no testificarán porque tienen miedo de lo que les puede suceder cuando lo hagan, pero eso es estar sujeto al juego del diablo. Recuerde, ésta es su manera de evitar que usted haga lo que lo pondrá fuera de su alcance.

Febrero 19, Perdonando a otros

Una manera común que los creyentes le dan un reclamo legal a Satanás en sus vidas es cuando se niegan a perdonar a otros. Jesús nos enseñó que somos perdonados por Dios de la misma medida que nosotros perdonamos a otros.

Febrero 18, Renovación por el Espíritu

En Tito 3:5, hemos visto los tres aspectos del proceso de la salvación, un lavamiento, o limpieza; una regeneración, o nacer de nuevo; y una renovación, o nueva creación. Dios hace algo que el hombre absolutamente no lo puede hacer. Todo esto es por la misericordia de Dios, no Su justicia.

Febrero 17, Lavamiento y regeneración

El proceso de salvación involucra lavamiento y regeneración. "Él (Dios) nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo" (Tito 3:5 LBA).