Meditación diaria

 

Noviembre 24, La fe que no falla

Debemos hacer lo que Abraham hizo. Tenemos que aceptar la promesa de Dios tal y como es. Tenemos que reconocer que somos incapaces de producir lo que Dios ha prometido para nuestras vidas. Tenemos que centrarnos en la promesa y no es ni nuestra propia capacidad, ni aun nuestra incapacidad. Y luego, recibiremos...

Noviembre 23, La lucha por la promesa

Estamos acostumbrados a la idea de que tenemos que luchar contra el pecado, pero a veces nos olvidamos de que también, se debe luchar para combatir la enfermedad. Debemos luchar. Somos soldados. No descansamos ni dejamos que el diablo nos pisotee, ya que rendirse fácilmente no da gloria a Dios.

Noviembre 22, Estar completamente persuadido

La fe real reconoce los hechos. Cualquier actitud que no esté dispuesta a enfrentar los hechos no es una fe real. Abraham no trató de engañarse a sí mismo; no se imaginó algo diferente de como era su situación. Con sus sentidos, él vio que su cuerpo estaba como muerto, y que también así estaba el útero de Sara, su mujer. Sin embargo, él no confió solamente en sus sentidos.

Noviembre 21, Un reino inmutable

Hay una desconexión entre la fe y la que vemos. El hombre natural anda según lo que ve, confiando en sus sentidos y creyendo sólo lo que ellos le dicen. Pero en la vida cristiana espiritual no deberíamos confiar en nuestros sentidos. En 2nda de Corintios 5:7 leemos que, "Andamos por fe, no por vista".

Noviembre 20, Sin vacilar

Al mantener nuestra confesión, no debemos cambiar lo que hemos dicho. Las palabras de nuestra boca deben concordar con lo que dice la Palabra de Dios. En Hebreos 10:23, el paso que ahora consideramos, dice, "Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar". Note lo que ha sido añadido: "sin vacilar".

Noviembre 19, La Importancia de la Esperanza

La mayoría de los cristianos han oído predicar mucho sobre la fe y el amor, pero en comparación, en muchos casos, ellos escucharon poco sobre la esperanza. Ésa era mi propia condición hace muchos años cuando necesitaba desesperadamente la ayuda de Dios.

Noviembre 18, La sangre vital de Jesús

Cuando el sacerdote entraba en el Lugar Santísimo con el incienso y la sangre, tenía que rociar la sangre siete veces sobre el propiciatorio, que era una imagen de la expiación, y otra siete veces frente al propiciatorio. El mandamiento de Dios era absolutamente específico, no seis veces, no ocho veces, sino siete veces.